Rubbi: Santa Marta se descubre mejor cuando se vive desde adentro

Hay lugares que se visitan y otros que se sienten. Santa Marta pertenece a esa segunda categoría. Su mar, sus montañas, sus calles, su historia y la calidez de su gente hacen que conocerla vaya mucho más allá de recorrer sus lugares emblemáticos. La verdadera experiencia comienza cuando alguien abre la puerta de su ciudad y decide compartirla.

Desde esa mirada nace Rubbi, una nueva aplicación creada en Santa Marta por Manuel Mendoza Meriño, estudiante de Ingeniería Civil de la Universidad Cooperativa de Colombia, que busca transformar la manera en que los viajeros conocen un destino: conectándolos directamente con personas locales dispuestas a compartir su tiempo, sus historias y ese conocimiento que no aparece en las guías tradicionales.

Rubbi parte de una idea sencilla, pero poderosa: un visitante no debería sentirse como un cliente más, sino como alguien que llega a una tierra donde puede encontrar confianza y compañía.

La historia detrás de la aplicación comenzó de manera espontánea, en las calles de Santa Marta, mientras la ciudad se preparaba para celebrar sus 500 años. Manuel comercializaba gorras conmemorativas a través de internet cuando recibió el pedido de una familia de turistas. El inconveniente era que no conocían bien la ciudad ni podían precisar con claridad dónde se encontraban.

Manuel decidió llevar personalmente el pedido. Al encontrarlos desorientados, entendió que aquella situación podía convertirse en algo diferente. En lugar de limitarse a entregar las gorras, decidió acompañarlos y mostrarles algunos de los lugares que hacen especial a Santa Marta.

Los llevó al Museo del Oro, recorrieron el Parque Bolívar y terminaron en la bahía. No hubo un libreto, una venta ni una experiencia diseñada desde un escritorio. Simplemente compartió su ciudad como quien recibe a un amigo en casa.

La respuesta de aquella familia terminó convirtiéndose en una inspiración. La gratitud de los visitantes y el reconocimiento que recibió por acompañarlos le dejaron una reflexión que, con el tiempo, se transformaría en un proyecto: “El visitante no quiere ser tratado como una caja chica, quiere a alguien local en quien confiar”, explica Mendoza.

Así comenzó a tomar forma Rubbi, una plataforma que conecta a viajeros con anfitriones locales, llamados Rubbers, para descubrir Santa Marta desde una perspectiva más cercana, auténtica y humana.

La propuesta busca que cada recorrido tenga una historia detrás. Que una visita al centro histórico pueda convertirse en una conversación, que un recorrido gastronómico permita conocer los sabores y las personas que los hacen posibles, y que cada experiencia acerque al visitante a la identidad del territorio.

Pero Rubbi también plantea una conversación sobre la manera en que se distribuye el valor dentro de la industria turística. Su modelo establece que el anfitrión local conserve el 93 % de los ingresos generados por su experiencia, mientras la plataforma recibe el 7 % destinado a tecnología, operación y seguridad.

Para su creador, no se trata únicamente de desarrollar una aplicación, sino de utilizar la tecnología como una herramienta para generar oportunidades para quienes conocen y aman su territorio.

En ese sentido, Rubbi propone que el turismo pueda convertirse en una fuerza que beneficie directamente a las comunidades: al restaurante de barrio, al artista, al transportador, al emprendedor, al joven que conoce la historia de su ciudad o a cualquier persona que tenga algo auténtico que compartir.

Más que una aplicación, Rubbi representa una nueva manera de encontrarse con Santa Marta. Una invitación a mirar la ciudad con otros ojos, a escuchar sus historias y a comprender que detrás de cada paisaje existe una comunidad que le da sentido.

Porque Santa Marta no se descubre completamente desde una pantalla ni siguiendo un itinerario. Se descubre caminándola, conversándola y viviéndola.

Y quizás ahí esté la esencia de Rubbi: hacer que quien llegue como visitante pueda irse sintiéndose un poco parte de esta tierra.

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