Santa Marta no se explica con cifras ni se defiende con slogans. Se intuye. Se descubre a medida que se camina y se permanece. Es una ciudad donde la historia no está encerrada en los museos, sino expuesta al sol, al mar y a la vida cotidiana. Durante años fue observada sin ser entendida; hoy empieza a ser narrada con mayor precisión, desde adentro y con intención.
Desde esa convicción trabaja “Chelito” Dávila, quien entiende el turismo no como una vitrina, sino como un relato que debe ser contado con verdad. No para ocultar las heridas, sino para demostrar que incluso desde ellas puede construirse futuro.
A través de Indetur (Instituto Distrital de Turismo), la administración del alcalde Carlos Pinedo Cuello continúa fortaleciendo el posicionamiento de Santa Marta como un destino turístico de referencia nacional e internacional. Bajo el liderazgo de José Domingo “Chelito” Dávila, la entidad ha diseñado e implementado estrategias de promoción, alianzas institucionales y acciones que impulsan la llegada de visitantes, fortalecen la competitividad del destino y proyectan a la ciudad en importantes escenarios turísticos nacionales e internacionales.
Santa Marta arrastra problemas que no nacieron ayer: el agua, la infraestructura, la seguridad, la basura. Son cicatrices de décadas. Pero también es una ciudad que decidió dejar de mirarse con vergüenza y empezar a mirarse con responsabilidad. Y esa decisión comienza por algo esencial: volver visible lo que siempre estuvo aquí.
Durante años, en ferias internacionales, Santa Marta era una nota al margen. Hoy, gracias a la gestión de “Chelito” Dávila, su nombre se pronuncia completo. Desde los escenarios globales del turismo y de la industria de cruceros, la ciudad se sienta a conversar con el mundo, no para competir en ruido, sino para diferenciarse en identidad. Ya no es “el lugar cerca de otro destino”. Es origen. Es puerto. Es experiencia.
Ese trabajo silencioso y persistente se refleja en la llegada de más visitantes internacionales, en el arribo gradual de cruceros y, sobre todo, en un cambio sutil pero profundo: el viajero que llega hoy busca quedarse, entender, recorrer y sentir. No viene solo por el mar; viene por la historia, por la Sierra Nevada, por el Centro Histórico y por el Parque Tayrona, un lugar que no se explica, se vive.
Desde Indetur, la estrategia ha sido ordenar el alma del destino. Una investigación reveló lo evidente y lo doloroso: Santa Marta se vendía fragmentada. Cada quien contaba una versión distinta. Hoy, la apuesta es una narrativa común, honesta y poderosa, donde conviven naturaleza, cultura y memoria sin disfraces.
Promover Santa Marta ya no es prometer perfección. Es invitar a descubrir una ciudad real, vibrante, antigua y contemporánea a la vez. Una ciudad que no pide indulgencia, sino tiempo. Tiempo para ser recorrida. Tiempo para ser entendida.
Santa Marta no está empezando de cero. Está recordando quién es. Está redescubriendo su esencia y aprendiendo a contar su historia con una voz propia, auténtica y segura. Y cuando una ciudad aprende a decir su nombre sin miedo, a reconocer su valor y a proyectarlo con orgullo, el mundo, inevitablemente, comienza a escucharla.





