Santa Marta, a la espera de una solución definitiva para su crisis de agua

Santa Marta, a la espera de una solución definitiva para su crisis de agua

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A pocos días de cumplirse el plazo anunciado por el presidente Abelardo De La Espriella, la ciudad necesita conocer una hoja de ruta que combine medidas inmediatas, inversiones estructurales y garantías de ejecución para superar una de sus problemáticas históricas.

Santa Marta lleva años esperando que abrir un grifo y encontrar agua deje de ser una preocupación cotidiana. En muchos sectores, el abastecimiento depende de carrotanques, almacenamiento en tanques y soluciones particulares que convierten un servicio esencial en una incertidumbre diaria para miles de familias.

El pasado 5 de octubre, el presidente Abelardo De La Espriella anunció una reunión prioritaria con varios de sus ministros para atender la problemática del acueducto de la capital del Magdalena. Su compromiso fue regresar en diez días con una solución concreta.

El plazo puso nuevamente sobre la mesa una pregunta que Santa Marta lleva décadas haciéndose: ¿qué se necesita para garantizar agua potable de manera permanente, suficiente y segura?

La respuesta difícilmente estará en una sola obra. La crisis requiere decisiones técnicas, recursos, coordinación institucional y un calendario que permita a los ciudadanos conocer qué se hará, cuánto costará y cuándo comenzarán a verse los resultados.

Más agua, pero también una red capaz de distribuirla

Una de las primeras posibilidades es aumentar la disponibilidad de agua mediante nuevas fuentes de abastecimiento. Sin embargo, captar más agua no resolverá por sí solo el problema si la infraestructura para transportarla y distribuirla continúa presentando limitaciones.

Santa Marta necesita una evaluación integral de sus fuentes superficiales y subterráneas, de la capacidad de sus sistemas de captación y tratamiento, y del estado de las redes que llevan el agua hasta los hogares.

También resulta indispensable reducir las pérdidas físicas, identificar fugas, sectorizar las redes y modernizar los sistemas de medición y control. Cada litro recuperado de una fuga es agua que puede aprovecharse sin necesidad de ampliar inmediatamente la captación.

La prioridad debe ser determinar cuánta agua puede producirse hoy, cuánta se pierde durante el recorrido y cuánta llega realmente a los usuarios.

La solución está en recuperar y fortalecer las fuentes de abastecimiento

Para resolver la crisis del agua en Santa Marta, el camino debe concentrarse en aprovechar de manera eficiente las fuentes hídricas disponibles, recuperar la capacidad de los sistemas existentes y desarrollar las obras necesarias para garantizar que el agua llegue de forma continua a los hogares.

En lugar de apostar por alternativas que pueden implicar elevados costos de construcción, operación y consumo energético, la prioridad debe ser identificar las soluciones técnica y financieramente más viables para las condiciones de la ciudad.

Esto supone evaluar la capacidad de captación de los ríos y demás fuentes disponibles, optimizar los sistemas de tratamiento, mejorar las conducciones y redes de distribución, reducir las pérdidas de agua y ejecutar las obras que permitan aumentar la cantidad de agua efectivamente disponible para la población.

También resulta fundamental proteger las cuencas hidrográficas de la Sierra Nevada de Santa Marta, recuperar las áreas degradadas y fortalecer la gestión ambiental de las fuentes que abastecen al territorio. La sostenibilidad del sistema depende tanto de la infraestructura como de la conservación de los ecosistemas que hacen posible la disponibilidad del recurso.

El Gobierno nacional tiene la oportunidad de convertir su intervención en una estrategia integral que establezca prioridades, defina las inversiones necesarias y precise los tiempos de ejecución. El objetivo debe ser claro: aprovechar mejor el agua disponible, fortalecer la infraestructura y ofrecer una respuesta sostenible a una necesidad que Santa Marta no puede seguir aplazando.

Recuperar las fuentes existentes y proteger las cuencas

Otra línea de acción consiste en fortalecer las fuentes naturales que abastecen a la ciudad, particularmente las cuencas de los ríos que forman parte de su sistema hídrico.

La protección de las zonas de nacimiento, la recuperación de áreas degradadas, la conservación de los bosques, el control de la contaminación y la restauración de las rondas hídricas pueden contribuir a proteger la disponibilidad y calidad del agua.

Estas acciones no sustituyen las obras de infraestructura ni garantizan, por sí solas, un suministro suficiente durante las temporadas secas. Pero forman parte de una política de largo plazo que Santa Marta necesita para reducir su vulnerabilidad frente al cambio climático, la presión urbana y la degradación ambiental.

La Sierra Nevada no puede entenderse únicamente como un paisaje que identifica al Magdalena. También es un territorio estratégico para la seguridad hídrica de la región.

Una solución inmediata mientras llegan las grandes obras

Mientras se desarrollan los proyectos estructurales, el Gobierno debe establecer medidas de contingencia para las comunidades que hoy enfrentan mayores dificultades de abastecimiento.

Esto supone mejorar la programación y cobertura de los carrotanques, publicar rutas y horarios, priorizar hospitales, colegios y sectores vulnerables, y habilitar canales para reportar incumplimientos.

También es necesario fortalecer el almacenamiento comunitario donde resulte técnicamente viable y garantizar que el agua distribuida cumpla las condiciones sanitarias exigidas.

Estas medidas no deben convertirse en una respuesta permanente. Su función es atender la emergencia mientras se ejecutan las inversiones que permitan sustituir progresivamente la dependencia de soluciones temporales.

Los recursos y la coordinación institucional

Una de las decisiones más importantes que podría surgir del anuncio presidencial es la definición de un esquema de financiación y responsabilidades.

La solución exige coordinación entre el Gobierno nacional, la Alcaldía de Santa Marta, la Gobernación del Magdalena, las autoridades ambientales y las entidades responsables de la prestación del servicio.

No basta con anunciar una inversión global. Es necesario establecer cuáles proyectos se financiarán, qué recursos están disponibles, cuáles deben incorporarse a los presupuestos públicos, quién contratará las obras y qué entidad responderá por su cumplimiento.

Un plan serio debería contemplar etapas verificables: diagnóstico técnico, selección de alternativas, diseños, licencias, financiación, contratación, ejecución y puesta en funcionamiento.

La ciudadanía también necesita conocer los avances mediante informes periódicos, indicadores públicos y mecanismos de seguimiento. La transparencia será determinante para recuperar la confianza en un asunto que ha acumulado promesas durante años.

Diez días para presentar una ruta, no para terminar la crisis

El plazo anunciado por el presidente De La Espriella no significa que Santa Marta pueda resolver en diez días un problema que requiere inversiones y obras complejas. Lo que sí puede y debe esperarse es una propuesta concreta, con decisiones definidas y compromisos comprobables.

Esa propuesta tendría que explicar cuáles medidas pueden comenzar de inmediato, qué proyectos requieren estudios adicionales, cuánto costarán las alternativas seleccionadas y en qué horizonte se espera mejorar el suministro.

La ciudad necesita pasar de los anuncios a una hoja de ruta que pueda ser evaluada por los ciudadanos. Una solución puede tomar tiempo, pero la falta de claridad no debería prolongarse.

Santa Marta no necesita otra promesa que se diluya entre reuniones y documentos. Necesita saber de dónde vendrá el agua, cómo llegará a los barrios y cuándo dejará de ser una preocupación diaria.

Porque el verdadero éxito de cualquier plan no se medirá por el número de ministros que participen en una reunión ni por el valor de las inversiones anunciadas. Se medirá cuando las familias puedan abrir sus grifos y encontrar, de manera continua y segura, el agua que necesitan para vivir.

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