Liany Certain, Una vida enamorada de la belleza

Liany Certain, Una vida enamorada de la belleza

Quizás el arte llegó a la vida de Liany Certain antes de que ella supiera llamarlo arte. Estaba en las historias de familia, en los objetos antiguos que despertaban su curiosidad, en los libros, en los viajes y en esa manera especial de mirar que aprende, desde niña, a reconocer que detrás de cada cosa puede habitar una historia.

Creció entre raíces francesas e italianas, entre Barranquilla y Panamá, y con un padre dedicado a los viajes que le enseñó, sin proponérselo, que el mundo era demasiado grande y hermoso como para mirarlo desde un solo lugar.

Su infancia estuvo llena de descubrimientos. Y quizás por eso, muchos años después, una frase de Diana Vreeland terminó convirtiéndose en una especie de brújula: “The eye has to travel”. El ojo tiene que viajar.

El de Liany nunca ha dejado de hacerlo.

Hace más de cuatro décadas, en Bogotá, comenzó a visitar talleres de artistas junto a un amigo. Eran jóvenes, tenían más curiosidad que dinero y apenas podían imaginar todo lo que vendría después. Algunos artistas les permitieron comprar sus primeras obras y pagarlas poco a poco.

Así empezó una colección. Pero, sobre todo, comenzó una historia de amor con el arte.

Con los años llegaron las galerías, los viajes, las ferias internacionales y las grandes casas de subastas, entre ellas Sotheby’s y Christie’s. También llegó la formación: Diseño de Modas en Parsons y FIT, en Nueva York; estudios de arte, Museología y Curaduría.

Pero el conocimiento nunca desplazó la emoción.

Todavía hoy, cuando entra a un taller y una obra consigue conmoverla, Liany habla de esa sensación con una espontaneidad casi infantil. Hay piezas que simplemente no la dejan marcharse.

Porque para ella el arte no termina cuando una obra entra a una colección. Ahí comienza otra conversación.

Una obra puede acompañar, provocar preguntas, despertar recuerdos, cambiar una mirada. Puede quedarse en silencio durante años y, de repente, decir algo que antes no había dicho.

Cuando el arte se encuentra con el Caribe

Ahora esa mirada ha encontrado en Santa Marta un escenario extraordinario: el mar.

Liany trabaja en la creación de un museo submarino que llevará al Caribe las obras de grandes maestros del arte colombiano, entre ellos Enrique Grau, Nadin Ospina, Alejandro Obregón y Édgar Negret.

La propuesta contempla esculturas monumentales y obras sumergidas en el fondo del mar, para que puedan ser descubiertas de una manera completamente distinta: bajo el agua, entre el azul del Caribe, con la posibilidad de apreciarlas mediante actividades como el snorkel.

El proyecto está previsto para julio de 2027 y será presentado como el primer museo submarino curado de Latinoamérica.

Es una idea que parece hecha a la medida de Santa Marta: llevar el arte a un lugar donde la naturaleza también es una obra maestra.

Pero la labor de Liany va mucho más allá de un museo.

A través de un acuerdo con Fenoco, puso en marcha el Vagón de la Cultura, un proyecto que lleva el arte y la memoria a diferentes municipios. El primer piloto recorrió cinco poblaciones y ahora continuará por cuatro municipios más, con la mirada puesta en llegar hasta La Dorada, Caldas.

En cada destino, cerca de 300 niños tienen la oportunidad de entrar al vagón, encontrarse con expresiones artísticas y descubrir que la cultura también puede viajar hasta ellos.

Y quizá allí esté una de las facetas más conmovedoras de su trabajo.

Liany entiende que no todos los niños tendrán la oportunidad de entrar a un gran museo. Por eso, algunas veces, el museo debe ser quien llegue hasta ellos. A esa labor se suman alrededor de 220 programas culturales grabados y compartidos con distintas instituciones, además de una película sobre Simón Bolívar, realizada de la mano del Museo Bolivariano y su directora, Sarita Abello.

Su historia también se ha cruzado con la de Santa Marta. El año pasado acompañó al Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo en la celebración de los 500 años de la ciudad, reafirmando un vínculo que hoy encuentra en el Caribe uno de sus capítulos más especiales.

Después de más de cuarenta años rodeada de artistas, galerías, museos y colecciones, Liany Certain conserva intacta una cualidad que quizá sea la más difícil de conservar: la capacidad de maravillarse.

Porque su verdadera pasión nunca ha sido simplemente tener una obra. Ha sido encontrarla. Mirarla. Entenderla. Y, sobre todo, hacer que otros puedan descubrirla también.

Tal vez por eso su historia no se trata únicamente de una mujer que ha dedicado su vida al arte. Se trata de alguien que entendió que la belleza adquiere un significado más profundo cuando se comparte.

Y ahora, frente al Caribe, Liany vuelve a hacer lo que ha hecho toda su vida: abrir los ojos, seguir viajando y encontrar nuevas maneras de acercarnos a la belleza.

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