Aracataca, donde el tiempo vuelve a caminar de la mano de Gabo

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Hay lugares que no se visitan solamente con los ojos. Se recorren con la memoria, con la imaginación y con esa extraña sensación de estar entrando en una historia que, de alguna manera, ya nos habían contado.

Eso ocurrió en Aracataca.

Bajo un sol intenso y entre las calles que todavía guardan voces, nombres y recuerdos, veinte niños escritores provenientes de distintos países de Iberoamérica llegaron a la tierra donde nació Gabriel García Márquez. Venían de Brasil, España, Venezuela, Perú, El Salvador, Argentina y otras naciones, como parte de la tercera edición de “Macondo sí tiene quien le escriba”, una iniciativa de la Fundación Gabo y CAF que busca despertar en niños y niñas de 10 a 13 años el poder de la escritura y de las historias.

Pero esta vez no venían solamente a escribir sobre Macondo. Venían a conocerlo.

A Aracataca llegaron acompañados por sus familias y por representantes de la Fundación Gabo, para comenzar un recorrido por el Caribe colombiano que también los llevará por Santa Marta, Barranquilla y Cartagena. El primer destino, sin embargo, tenía un significado especial: la tierra natal de Gabo, ese pequeño universo caribeño que terminó convirtiéndose en uno de los grandes territorios literarios de la humanidad.

Aquel mediodía, mientras el calor parecía detener el tiempo sobre las calles cataqueras, el grupo fue recibido por representantes de la administración municipal, gestores culturales y responsables de los espacios que mantienen viva la memoria del escritor.

La Casa Museo Gabriel García Márquez, la Casa del Telegrafista, la antigua estación del ferrocarril y otros lugares emblemáticos fueron apareciendo ante los ojos de los visitantes como capítulos de un libro que todavía permanece abierto.

Y allí estaba la magia. No una magia inventada, sino una que nace de la memoria.

Los niños pudieron acercarse a la casa donde nació y pasó sus primeros años Gabriel José de la Concordia García Márquez, conocer los objetos de aquella época, escuchar historias familiares y caminar por escenarios que ayudaron a formar la sensibilidad del hombre que, muchos años después, regalaría al mundo Cien años de soledad.

Entre los visitantes estaba Maia Miret Sandoval, una de las jóvenes escritoras procedentes de España.

“Estoy realmente emocionada de ver y conocer cómo vivió Gabriel García Márquez. Siempre me imaginé a Aracataca así, calurosa, con muchos colores y con su gente muy amable”, contó.

Y cuando le preguntaron cómo describiría Aracataca en una sola palabra, respondió:

“Inolvidable”.

Quizás esa palabra resume mejor que ninguna otra lo que ocurre cuando un niño llega por primera vez a la tierra de Gabo.

Porque el verdadero legado de García Márquez no está solamente en los libros que escribió. Está también en la posibilidad de que otros niños quieran contar sus propias historias.

Alejandro Mounthon Chamorro, coordinador de programas de la Fundación Gabo, explicó que en esta edición participaron alrededor de 2.111 niños y niñas de Iberoamérica. De todos ellos fueron seleccionados veinte ganadores, cuyos relatos respondieron a una pregunta tan sencilla como poderosa: ¿cómo imaginan su futuro?

La respuesta los trajo hasta aquí.

“Queremos que los niños entiendan cuál es el poder de contar historias y, a través de ese poder, contar sus realidades y las de sus mundos”, señaló Mounthon.Y quizá ahí esté una de las formas más hermosas de celebrar a Gabo: no solamente recordándolo, sino provocando que una nueva generación descubra el valor de una palabra, de una historia y de una voz propia.

Un pueblo que se prepara para celebrar un siglo

Mientras estos pequeños escritores recorrían Aracataca, el municipio también comenzó a sentir que se aproxima una fecha que pertenece no solamente a los cataqueros, sino a Colombia y al mundo.

El centenario del nacimiento de Gabriel García Márquez empieza a respirarse en sus calles.

Las autoridades municipales, encabezadas por el alcalde Leiter Salgado Pacheco, avanzan en la preparación de una celebración que tendrá como escenario la tierra donde comenzó la vida del Nobel colombiano y que busca reunir cultura, música, literatura, arte y memoria.

Omaris Mendoza Guerra, secretaria de Desarrollo Social, destacó el significado que tiene para Aracataca recibir visitantes de distintos lugares del mundo. “Somos la cuna del Nobel de Literatura. Para nosotros es un verdadero orgullo recibirlos en nuestra tierra, porque Aracataca es la casa de todos”, expresó.

La celebración tendrá uno de sus momentos centrales durante los primeros días de marzo, cuando Aracataca conmemore los cien años del nacimiento de su hijo más universal.

Será entonces cuando probablemente el pueblo vuelva a llenarse de visitantes, de escritores, de músicos, de artistas y de lectores.

Pero la celebración ya comenzó. Comenzó con veinte niños caminando bajo el sol. Con sus ojos sorprendidos frente a una casa. Con una historia contada en un museo. Con un pueblo que recibe al visitante como quien abre las puertas de su propia memoria.

También con la labor de instituciones como Cajamag, bajo el liderazgo de Martha García Valencia y su equipo de proyectos especiales, así como con el trabajo de la Biblioteca Gabriel García Márquez y de quienes desde la cultura, la educación y las comunicaciones mantienen encendida la llama de la lectura y la creación.

Porque Aracataca no es solamente el lugar donde nació Gabo. Es el lugar donde una realidad caribeña aprendió a convertirse en literatura.

Y ahora, cuando se acerca el primer siglo de su nacimiento, quizás la mejor manera de honrarlo sea permitir que nuevas voces vuelvan a escribir.

Que otros niños sueñen. Que otros niños inventen mundos.

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