La imagen vuelve a dejar una pregunta sobre la mesa: ¿hasta cuándo seguiremos utilizando nuestros ríos como destino final de la basura?
Desde tempranas horas, Essmar y Atesa adelantan labores de recolección y limpieza en el sector de Los Cocos, luego de que el río Manzanares arrastrara ayer hacia el mar una gran cantidad de residuos.
A simple vista, buena parte de lo que llegó hasta la playa es plástico, icopor, partes de muebles y enseres, mientras que una proporción menor corresponde a material vegetal. La escena habla por sí sola: no se trata únicamente de un problema de limpieza de playas, sino de una situación ambiental que comienza mucho antes, en las orillas y en el propio cauce del río.

La tarea de retirar estos residuos es enorme. Pero aún más grande es el desafío de cambiar una conducta que durante años ha convertido el Manzanares en un lugar para arrojar aquello que ya no queremos en casa.
Las jornadas de limpieza y las campañas de sensibilización son necesarias, pero el problema exige mucho más: control, vigilancia, sanciones efectivas y un verdadero proyecto de recuperación de la ronda hídrica, que permita recuperar estos espacios y actuar frente a quienes contaminan el río.
También hay una responsabilidad que atraviesa el servicio de aseo. Los residuos que permanecen alrededor de los contenedores terminan siendo arrastrados por las lluvias hacia los canales, el río y finalmente el mar.
El Manzanares no debería ser el camino de la basura hacia el Caribe.
Santa Marta tiene una relación profunda con el mar. Cuidarlo comienza mucho antes de llegar a la playa.
