Por: Jose Rey
El calor del Rodadero no solo se siente en la arena; también se percibe en el bullicio de sus calles, en el olor a masa recién horneada y en la historia de una familia que, hace más de dos décadas, decidió convertir un pequeño carrito de comida en un punto de encuentro para locales y turistas. Así empezó la aventura de Holguer, una pizzería que lleva el nombre de su actual dueño y que guarda, en cada receta, un pedazo de su historia familiar.
El actual Holguer, joven y apasionado por su oficio, lleva un nombre que se repite como un eco en su árbol genealógico. Primero fue su abuelo, luego su padre, y ahora él, todos primogénitos, todos llamados igual, todos unidos por algo más que la sangre: una visión compartida de trabajo y superación.
La historia comenzó cuando su abuelo y su padre, procedentes de Bucaramanga, llegaron a Santa Marta atraídos por la promesa del turismo en El Rodadero. Corrían tiempos en que la playa era el epicentro de la vida social, y los carritos de comida se alineaban justo antes de la arena, sobre lo que hoy es el malecón. Allí, con un modesto carrito, empezaron a vender pizzas, conquistando paladares uno a uno.

Holguer recuerda cómo su padre, desde niño, mostró un espíritu visionario. No tuvo una infancia fácil; no conoció la extrema pobreza, pero sí los días en que había que ingeniárselas para comer. Reciclaba, ayudaba en ventas, y siempre encontraba la forma de aportar algo a la mesa familiar. Su abuela, hábil con las manos, vendía artesanías para sumar ingresos, mientras la familia entera aprendía a sostenerse a base de esfuerzo y creatividad.
El primer gran paso llegó cuando lograron abrir un local frente a la playa, llamado Pizza Pizza. El negocio tenía clientela abundante y un producto de calidad, pero la falta de control financiero los llevaba a dar un paso adelante y tres atrás. Sin embargo, de ese tiempo quedó algo invaluable: la receta original de la masa, creada por su padre, que aún hoy, más de veinte años después, sigue siendo el alma de cada pizza que sale del horno.
Por el lado materno, la historia no fue más sencilla. Su madre creció en San Vicente de Chucurí, Santander, en una pequeña parcela que apenas producía lo necesario para la familia. La falta de recursos y la temprana orfandad marcaron su vida, obligándola a abandonar la finca a los 13 años para buscar oportunidades en la ciudad. Esa fortaleza y determinación se unieron al carácter luchador de su padre, forjando una pareja capaz de transformar la adversidad en oportunidad.

Holguer, joven y apasionado por su oficio, lleva un nombre que se repite como un eco en su árbol genealógico
Hoy, Holguer no solo continúa la tradición familiar, sino que la ha elevado. La pizzería que lleva su nombre es reconocida en Santa Marta no solo por el sabor inconfundible de sus pizzas —resultado de una masa que guarda secretos de tres generaciones— sino también por la historia que cada porción cuenta: una historia de familia, migración, trabajo duro y amor por lo que se hace.
Y como todo sueño que crece, Holguer ha sabido reinventarse. A su propuesta clásica de pizzas artesanales se suma ahora una carta más amplia y sofisticada: Holguer Sushi Grill Pizza, un concepto que fusiona lo mejor de tres mundos —pizza, sushi y parrilla—, ofreciendo una experiencia gastronómica completa.
Dentro de esta evolución también nace Bistró Holger, en pozos colorados, un espacio que mezcla tradición y vanguardia, pensado para quienes buscan descubrir nuevos sabores sin perder el calor familiar que caracteriza a la marca. Actualmente, Holguer cuenta con cinco locaciones en Santa Marta, llevando su calidad y diversidad a diferentes rincones de la ciudad. Un crecimiento que sigue mirando al futuro, pero con el corazón bien anclado en sus raíces, allí donde todo comenzó: un carrito frente al mar.
