Santa Marta fue escenario del primer pulso de Abelardo De La Espriella con una región que reclama seguridad. El Presidente llegó después de un golpe de la Fuerza Pública contra las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada y dejó una advertencia que resonó más allá de la base policial.
La noche había caído sobre Santa Marta cuando el poder nacional llegó a la ciudad.
No lo hizo entre ceremonias ni discursos preparados para los reflectores. Llegó hasta una base policial, en medio de uniformes, armas, informes de inteligencia y el eco de una operación que horas antes había puesto nuevamente a la Sierra Nevada en el centro de la conversación nacional.
Era la primera visita oficial de Abelardo De La Espriella a Santa Marta como presidente de la República. Y el motivo tenía poco de protocolario: encabezar un consejo extraordinario de seguridad y conocer de primera mano los resultados de los operativos adelantados contra las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada.

Entre los resultados reportados por la Fuerza Pública estaba la muerte de alias ‘Cholo’, señalado por las autoridades como segundo al mando de esa organización, junto con otros seis presuntos integrantes.
La escena era contundente.
Frente a los cuerpos de los hombres abatidos, rodeado por la cúpula militar y policial, el Presidente convirtió aquella madrugada en una declaración de principios de su Gobierno frente al crimen organizado.
“No vamos a permitir que los delincuentes sigan arrodillando al pueblo colombiano”, afirmó.
Después vino una frase todavía más dura: el Gobierno, dijo, enfrentará a estos grupos “como nunca antes” y quienes no terminen ante la justicia enfrentarán el accionar de la Fuerza Pública.
Pero detrás de la contundencia del discurso hay una ciudad que mira con atención.
Santa Marta conoce demasiado bien las consecuencias de que la violencia se acerque a sus calles, a sus carreteras, a sus zonas rurales y a las comunidades que viven en las montañas. Por eso, mientras desde una base policial se hablaba de operaciones y resultados, en la ciudad la expectativa tenía otra dimensión: la de quienes quieren volver a vivir sin miedo.
El operativo contra las ACSN ocurre además en un momento de tensión por las amenazas de paro armado atribuidas a esa estructura. De allí que la presencia presidencial no sea solamente una visita de seguridad, sino una señal política y operativa de la prioridad que el Gobierno quiere darle a esta región.
La Sierra Nevada vuelve a estar bajo la mirada del país.
Y Santa Marta, acostumbrada a convivir con la belleza de sus montañas y el azul de su mar, vuelve a recordar que detrás de ese paisaje existe también un territorio complejo, disputado durante años por estructuras ilegales.
Esta vez, el Gobierno Nacional dice estar dispuesto a librar el pulso.
La pregunta que queda flotando sobre la ciudad, sin embargo, no se responde con una frase pronunciada frente a las cámaras.
Se responderá en las calles. En las carreteras.En los barrios.En la Sierra.
Porque para los samarios, la verdadera medida de esta noche no estará en el ruido de los operativos, sino en algo mucho más sencillo y mucho más profundo: volver a sentir que la tranquilidad les pertenece.
