Los llamados ‘carros con radar o fotomultas’ tendrán nuevas reglas. En las carreteras del Magdalena, donde las cámaras han despertado más de una molestia, la decisión del Ministerio de Transporte vuelve a poner sobre la mesa una vieja pregunta: ¿quién está vigilando al que vigila?
Hay conductores que ya conocen la escena. Van por la carretera, atentos al tráfico, a los camiones, a los huecos, a las curvas. De pronto, a un lado del camino, aparece un vehículo detenido. No hay un agente de tránsito a la vista. No hay un procedimiento. Solo una cámara, un radar y la sensación de que alguien está mirando. Días después, o incluso semanas más tarde, llega la noticia: un comparendo.
Durante mucho tiempo, esa ha sido una de las mayores molestias de quienes recorren las carreteras del Magdalena. No necesariamente porque estén en contra de que se controle la velocidad o se sancionen las infracciones, sino porque muchas veces el procedimiento parecía ocurrir lejos de los ojos del conductor.

Ahora el Ministerio de Transporte acaba de ponerle nuevas condiciones a esa historia.
La Resolución 20263040036655 establece que cuando una cámara, un radar u otro dispositivo electrónico sea utilizado como apoyo de un control en carretera, debe estar presente un agente de tránsito, visible e identificado, quien opere directamente el equipo y adelante el procedimiento.
Dicho de una manera más sencilla: un carro con una cámara no puede simplemente esconderse en la carretera, tomar una fotografía y convertirla después en un comparendo como si nada hubiera pasado.
La tecnología sí, pero con reglas
Esto no significa que las fotomultas hayan desaparecido. Las cámaras autorizadas pueden seguir funcionando. Pero cuando trabajan de manera automática, sin que un agente esté interviniendo directamente, deben cumplir las reglas establecidas para los Sistemas Automáticos, Semiautomáticos y Otros Medios Tecnológicos para la Detección de Infracciones, los conocidos SAST.
Eso significa tener autorización de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, cumplir con una justificación técnica, estar ubicadas en un punto autorizado y contar con la señalización exigida. La diferencia parece pequeña, pero no lo es.
Una cosa es que un agente esté en la carretera, frente al conductor, operando un equipo y realizando un procedimiento. Otra muy distinta es que una cámara trabaje por su cuenta y que el conductor solo se entere de lo ocurrido cuando el comparendo aparece en su correo o en el sistema. Y precisamente ahí está el corazón de esta nueva discusión.
Una carretera que conoce la historia
En el Magdalena, el asunto tiene un sabor particular. Quienes recorren la Troncal de Oriente saben que las cámaras y los puntos de fotodetección han sido motivo de conversación durante años. Ciénaga, Zona Bananera, Aracataca y Fundación forman parte de un corredor donde el transporte de pasajeros, la carga y la producción agrícola se encuentran todos los días.
La Gobernación del Magdalena incluso ha participado en mesas de trabajo relacionadas con ocho puntos de fotodetección de este corredor, después de las inconformidades expresadas por transportadores.
Y entre esos lugares hay uno que ha estado especialmente presente en la conversación: Río Frío, en Zona Bananera.
Allí el gremio bananero ha pedido revisar la manera como funciona la fotodetección. La preocupación tiene que ver, entre otras cosas, con el límite de velocidad y con las reducciones de marcha que pueden terminar afectando el movimiento de vehículos particulares y de carga. No es un asunto menor.
Por esa carretera sale buena parte de la producción agrícola de una región que vive, precisamente, del movimiento.
Ahora habrá que mirar con otros ojos
La nueva resolución no significa que mañana desaparecerán las cámaras de las carreteras del Magdalena. Significa algo más sencillo: cada cámara tendrá que tener una historia legal que contar.
Habrá que saber quién la opera, cómo funciona, qué autoridad la autorizó y bajo qué modalidad está generando las infracciones.Y para el conductor también cambia la pregunta. Ya no será solamente: “¿Dónde está la fotomulta?”
Ahora será: “¿Esa fotomulta está funcionando como debe?”
Porque la tecnología llegó a las carreteras para quedarse. Puede ayudar a salvar vidas, ordenar el tránsito y hacer cumplir las normas. Pero también necesita límites, transparencia y reglas que todos puedan entender.
Al final, la carretera debe ser un lugar donde el ciudadano sepa que está siendo vigilado para protegerlo, no un escenario donde la vigilancia aparezca de repente, escondida detrás de una cámara.
Y quizás esa sea la verdadera noticia: esta vez, al que está detrás de la cámara también le toca rendir cuentas.
