España encontró la gloria desde los doce pasos

España encontró la gloria desde los doce pasos

Una final sin goles, dos arqueras gigantes y una tanda de penaltis que terminó escribiendo el nombre de España en la historia. La Rojita venció 4-3 a Corea del Norte y conquistó su segundo Mundial femenino Sub-20.

Hay partidos que se ganan con goles. Y hay otros que se ganan con paciencia, carácter y la capacidad de resistir cuando el tiempo parece detenerse.

La final del Mundial femenino Sub-20 entre España y Corea del Norte fue de esos segundos. Durante 120 minutos, ninguna de las dos selecciones consiguió romper el silencio del marcador. Después llegó la tanda de penaltis, ese territorio donde el fútbol deja de ofrecer certezas y todo puede cambiar en cuestión de segundos.

España terminó celebrando.

La Rojita derrotó 4-3 a Corea del Norte desde el punto penal y conquistó su segundo título mundial de la categoría, después del conseguido en 2022. Pero el trofeo llegó acompañado de una historia de revancha, resistencia y, sobre todo, de dos arqueras que hicieron de la final una batalla memorable.

Una final entre campeonas

No había espacio para la sorpresa. En el césped estaban las dos últimas campeonas del mundo Sub-20, ambas invictas y con seis victorias en el torneo.

España llegaba con 21 goles marcados y apenas uno recibido. Corea del Norte, defensora del título conquistado en 2024, había anotado 16 y todavía no había recibido un gol.

Era, además, una final con memoria.

Cinco españolas que habían estado en el equipo que disputó la final Sub-17 de 2024 volvieron a encontrarse con Corea del Norte. En el conjunto asiático, ocho jugadoras repetían aquella historia.

El fútbol les ofrecía una oportunidad para escribir otro final.

Cuando el arco se hizo pequeño

España intentó encontrar espacios desde los primeros minutos. Noe Bejarano filtró un pase preciso que dejó a Alba Cerrato frente a la portería, pero Pak Ju Gyong salió con decisión y ganó el primer duelo.

La guardameta norcoreana comenzaría a construir una actuación extraordinaria.

Corea del Norte, mientras tanto, apostó por cerrar espacios y esperar su momento. Ho Kyong, quien ingresó antes del descanso, estuvo cerca de abrir el marcador después de un error defensivo español, pero Laia López apareció para salvar a su equipo.El partido empezaba a convertirse en una conversación silenciosa entre dos porterías.

España insistió, Pak Ju Gyong resistió

Tras el descanso, España tomó mayor control de la pelota y comenzó a jugar más cerca del área rival. Corea del Norte se replegó y buscó el contragolpe.

Entonces apareció nuevamente Pak Ju Gyong.

Primero respondió ante un mano a mano. Después volvió a intervenir cuando un centro de Pau Comendador terminó desviándose peligrosamente hacia su propia portería. Y más tarde voló para sacar de la escuadra un remate lejano que parecía destinado a convertirse en gol.

España encontraba caminos, pero la portera asiática parecía haber cerrado todas las puertas.

Incluso cuando Marisa García consiguió quedar sola frente a ella durante la prórroga, el duelo volvió a tener el mismo desenlace.

Pak Ju Gyong ganó una batalla tras otra.

Pero todavía faltaba la más importante.

La hora de Laia

Los 120 minutos terminaron sin goles. El partido se dirigió inevitablemente hacia los penaltis y, con ellos, regresaron los recuerdos de aquella final Sub-17 de 2024 que España había perdido frente a Corea del Norte desde los doce pasos.

Esta vez, la historia sería diferente.

Ho Kyong abrió la tanda. Marisa García respondió para España.

Entonces llegó el momento de Laia López.

La arquera española detuvo el segundo lanzamiento de Corea del Norte. Después volvió a hacerlo en el cuarto. El último penalti norcoreano, ejecutado por Pak Ok I, también encontró sus guantes.

Mientras tanto, Marisa García, Celia Segura, Carla Julià y Daniela Agote convirtieron sus lanzamientos para España.

Y cuando el último balón quedó detenido, la celebración comenzó.

Laia López, que durante buena parte de la noche había observado desde su arco cómo Pak Ju Gyong se convertía en una muralla, terminó siendo la heroína de la historia.

Un título que también habla de memoria

España levantó su segundo Mundial femenino Sub-20 después de una final que exigió algo más que fútbol.

Exigió esperar. Insistir. No perder la calma. Volver a levantarse frente a una historia que parecía repetirse.

Corea del Norte había llegado como campeona defensora. España había llegado con la memoria de una derrota que todavía estaba cerca. Entre ambas construyeron una final sin goles, pero llena de tensión.

Al final, la diferencia estuvo en los guantes de Laia López.

A veces, el fútbol no encuentra su momento de gloria en una gran jugada ni en un remate espectacular. A veces lo encuentra en una arquera que espera durante 120 minutos y, cuando llega la hora decisiva, simplemente extiende las manos.

Esta vez, esas manos llevaron a España hasta el mundo.

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