Una TRM de $3.099 llevó las cuentas de una hectárea promedio de banano de exportación a terreno negativo, según ASBAMA. En el Magdalena, el golpe llega después de los vendavales que afectaron cultivos y pequeños productores de Zona Bananera.
En el Magdalena, el precio del dólar no se mira solamente desde las pantallas de los mercados.
También se siente en una finca, en una empacadora, en el salario de un trabajador rural y en las cuentas de un productor que necesita mantener de pie una hectárea de banano para que una caja pueda cruzar el océano.
Por eso, la caída de la tasa de cambio encendió una nueva alerta en uno de los principales renglones productivos del departamento.
La Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira (ASBAMA) advirtió que una TRM de $3.099, registrada el pasado 15 de septiembre, llevaría las cuentas de una hectárea promedio de banano de exportación por debajo de su punto de equilibrio.
De acuerdo con un ejercicio técnico presentado por el gremio al Ministerio de Agricultura, una hectárea con una productividad promedio de 2.300 cajas al año pasaría de generar un EBITDA positivo a registrar un resultado negativo cercano a $7,8 millones anuales, si las demás variables del modelo permanecen constantes.

La cifra no significa que todas las fincas del Magdalena estén perdiendo exactamente ese monto. Es una proyección construida sobre una hectárea promedio para dimensionar el efecto que tendría mantener una tasa de cambio como la analizada.
Y el mensaje del gremio es claro: para una actividad cuyos ingresos dependen del dólar, mientras buena parte de sus costos permanecen en pesos, cada movimiento de la tasa de cambio puede modificar radicalmente la ecuación.
El número que separa la rentabilidad de la pérdida
El modelo de ASBAMA utiliza como referencia una TRM de $4.050, promedio empleado para 2025.
Con ese valor, una hectárea produciría ingresos operacionales estimados en $78,7 millones y un EBITDA positivo de aproximadamente $9,2 millones.
Pero con el dólar en $3.099, los ingresos calculados caerían hasta unos $60,8 millones por hectárea al año y el EBITDA se movería hasta aproximadamente -$7,75 millones, equivalente a un margen negativo del 12,7 %. El ejercicio ubica alrededor de $3.533 la tasa de cambio necesaria para que esa hectárea promedio alcance el equilibrio.
La diferencia frente a los $3.099 analizados es de $434 por dólar.
Hay otra forma de entender la presión: si la TRM permaneciera en $3.099, la productividad tendría que subir de 2.300 a unas 2.718 cajas por hectárea al año para cubrir los costos contemplados en el modelo.
Son cerca de 418 cajas adicionales por hectárea.
Una exigencia que muestra que el problema no se resuelve simplemente produciendo un poco más.
Un cultivo amarrado a dos monedas
La particularidad del banano de exportación está en esa tensión.
El producto se vende en mercados internacionales y sus ingresos están ligados al dólar. Pero buena parte de los gastos necesarios para producirlo se pagan en Colombia.
Según ASBAMA, alrededor del 70 % de los costos están denominados en pesos.
Fertilizantes, mano de obra, servicios y otros componentes de la operación no bajan automáticamente cuando el dólar pierde valor frente al peso.
Así, mientras el precio internacional del banano mantiene una referencia en dólares, los productores enfrentan una estructura de costos que continúa expresada, en buena medida, en moneda local. La consecuencia es una compresión del margen.
Y cuando el margen se estrecha demasiado, la discusión deja de ser solamente cuánto gana una finca y empieza a tocar una pregunta más profunda: qué tan sostenible es mantener la producción cuando los ingresos y los costos se mueven en direcciones diferentes.
En el Magdalena, el dólar llega después del viento
La alerta cambiaria aparece, además, en un territorio que todavía está contando los daños de los fenómenos climáticos.
En agosto, fuertes vendavales golpearon cultivos de Zona Bananera. En una primera estimación, ASBAMA reportó entre 1.000 y 1.500 hectáreas afectadas y más de 250 pequeños productores damnificados.
Posteriormente, durante una mesa interinstitucional, el registro general de afectaciones en el municipio ascendió a 3.486,93 hectáreas, 599 fincas y 565 viviendas.
Esta última cifra corresponde al consolidado territorial reportado por las autoridades y no debe interpretarse como hectáreas de banano completamente perdidas.
Pero sí muestra la dimensión de un golpe que llega a las fincas en un momento en que los productores necesitan recursos para recuperar infraestructura, plantas y capacidad productiva.
A esto se suman las presiones climáticas asociadas a El Niño, especialmente las relacionadas con disponibilidad de agua y necesidades de riego.

Para algunos productores, entonces, la ecuación tiene más de un frente abierto: recuperar lo que dañó el viento, sostener los cultivos frente al clima y enfrentar ahora un dólar que reduce el valor en pesos de cada venta internacional.
Detrás de cada caja hay una cadena
La preocupación no se limita a las empresas que exportan.
El banano es una cadena que conecta fincas, trabajadores, cooperativas, transportadores, empacadoras, proveedores de insumos y servicios, pequeños productores y comunidades rurales.
Como referencia, cifras sectoriales divulgadas en 2025 situaban al Magdalena en unas 19.416 hectáreas productivas, cerca de 16.000 empleos directos y alrededor de 600 pequeños productores agrupados en siete cooperativas.
En 2024, desde esta zona se exportaron aproximadamente 43 millones de cajas, por un valor cercano a US$408 millones.
La actividad volvió a crecer en 2025. Los registros consolidados por Augura contabilizaron alrededor de 51 millones de cajas exportadas desde la zona identificada estadísticamente como Magdalena, frente a los 43 millones del año anterior, con un valor cercano a US$523 millones.
Por eso, un deterioro prolongado de los márgenes puede tener efectos que van mucho más allá de una hoja de balance.
Puede terminar repercutiendo en las decisiones de inversión, en la capacidad de renovar cultivos, en el empleo y en toda una economía rural que depende de que la cadena continúe funcionando.
Las seis propuestas de los bananeros
Ante este escenario, ASBAMA llevó al Gobierno Nacional un paquete de medidas.
Entre las solicitudes están el reperfilamiento de deudas y períodos de gracia a través del Banco Agrario y Finagro, además de mecanismos para reducir el costo de fertilizantes y otros insumos.
El gremio también plantea arancel cero y exención de IVA para insumos críticos que no tengan sustitución nacional, la reactivación del Incentivo al Seguro Agropecuario, una tarifa diferencial de energía para los sistemas de riego del Caribe y modificaciones a la cuota de aprendices del SENA.
La propuesta más directamente relacionada con la tasa de cambio plantea establecer un Depósito No Remunerado del 40 % sobre capitales especulativos de corto plazo. ASBAMA sostiene que esta medida podría contribuir a reducir las entradas de capitales que, a su juicio, presionan la apreciación del peso.
El planteamiento abre una discusión económica más amplia sobre las herramientas que puede utilizar el país para responder a una tasa de cambio que afecta de manera diferente a los sectores productivos.
Una cosecha pendiente
Para José Francisco Zúñiga Cotes, presidente ejecutivo de ASBAMA, la discusión ya no gira únicamente alrededor del margen de rentabilidad.
La preocupación está en la capacidad de los productores para mantener los cultivos, recuperar las fincas afectadas y seguir exportando.
En el Magdalena, esa discusión adquiere una dimensión particular.
El departamento tiene una economía rural profundamente vinculada al banano y acaba de atravesar episodios climáticos que dejaron daños importantes en su territorio. Ahora enfrenta una variable que no se controla desde la finca: el valor del dólar.
Entre la Sierra Nevada y el Caribe, miles de personas dependen de una actividad cuyo destino se define tanto en una plantación como en los mercados internacionales.
Y mientras el productor mira el cultivo que necesita agua, fertilizantes, trabajadores y cuidado constante, otra cifra aparece en el horizonte: $3.099.
Para ASBAMA, ese número ya no es solamente la cotización del dólar. Es la señal de que, bajo las condiciones de su modelo, el banano del Magdalena está operando al otro lado de la línea de equilibrio.

